30 oct 2011

«Alta Cocina»

Cuando el amor en esta casa se escapó por la ventana, yo decidí descargar todo el amor que mis manos habían acumulado por años en la cocina, sentía cierto placer en prender la estufa y sentir su calor en mi pecho frío y dolido, comencé entonces una búsqueda incansable de ingredientes que le dieran sabor a mi existencia, pasaba horas leyendo recetas y haciendo inventos, algunos resultaban siendo un desastre, como mi vida.

Busqué en la sal rosada del Himalaya todos los besos que me habían sido negados desde hacía ya tantos años, busqué en el azafrán las caricias que ya no me daban y a la albahaca morada le conté todas mis penas una mañana cuando el romero me sonrió al saberse el protagonista de mi próxima receta.

Busqué en esos pasteles toda la dulzura posible para lo amargo de mi boca.

No importaba si me había quemado, no importaba cuánto esfuerzo me había costado si al final me daba una sonrisa, ó un gesto de aprobación, me conformaba con eso, mis horas de trabajo no eran nada comparadas con aquel segundo donde lo veía sonreir, aunque nunca le escuché darme las gracias.

Entonces comencé a sentirme agria como la vinagreta de jerez con la que sazonaba la ensalada.

Me tomé muy en serio eso de que el amor entra por el estómago, el amor no es un ingrediente que se compra o se cocina, que se mezcla o se rebaja, el amor es un sentimiento que nace, que se forma, que se dá sin condiciones, que no se prepara en ninguna receta.

No encontré nunca los ingredientes exactos para preparar una receta que me devolviera su amor.

Yo le hubiera dado mi corazón en mermelada de nopal y chile habanero si me lo hubiese pedido.

Yo le hubiera entregado mi vida entera en una cama de arborio a la crema de almeja por un beso ó una caricia, por un abrazo ó una manta caliente en medio de una noche de tormenta.

Yo le hubiera dado todos mis libros y todas mis letras.

Pero él no sabe leer mis letras, besar mi boca, acariciar mi piel, abrazar mi torso ni amar mi cuerpo.

Ya no hay alta cocina en esta casa, las botellas de vinagre están de adorno al igual que todas las harinas, la albahaca ya no floreció y el romero se secó, los aceites se hicieron rancios y el perejil ya no creció.

Así, al igual que yo.

7 comentarios:

Saranjei dijo...

Así es como me gusta que escribas.

Como todos tus textos que llevan algo más que querer dejar plasmado algo para quitárselo al olvido. Como esos textos que me encantan donde realmente dejas ver el gran talento con que fuiste dotada.

Es en estos textos donde me consumen los sentimientos encontrados de envidia, admiracion y orgullo.

Alberto dijo...

Éso que dijo Saranjei y más: si yo fuera el afortunado recipiente de tanto esmero y deliciosa comida, uf, cállate los ojos.

No pediría nada más.

Muy bonito, muy gastronómico y muy tierno. :)

Abrazote.

Enet Café dijo...

Me sentí tan identificado con tu Alta Cocina. El regalo de verdadero amor al cocinar y hacerlo bien, para la gente que amas es de los menos valorados y como bien dices, un sólo gesto de aprobación o el comentario espontáneo de que rica comida, a veces sanan las heridas que llevamos encima y nos vuelven a llenar el corazón de paciencia y espera...
Y tus letras.... Cuando el corazón las dicta, llegan más adentro, "en esa parte del pecho, exactamente en el centro, donde se siente todo: la tristeza, la alegría, el amor, el abandono, el desamor, la paz, la soledad… el miedo."
Un beso lleno de admiración...

Saranjei dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Hola Corazón, cuando te leo desaparece la llama de mi mente y apareces tú, Mayra, la mujer que alimenta la llama y reinventa su ingenio en cada nueva línea directa a la sonrisa. Me sumerjo en tus letras y dejo escapar los suspiros, me llegan recuerdos que son tan míos y me sorprendo encontrándolos en tu pecho. Me nace en el alma compartirte mis carcajadas, mis sonrisas y mis miradas sonrientes, para llevarte a ese mi pueblo donde la risa es eterna y la pasión infinita. Más el camino es largo y se llega solo a la paz interna. Te abrazo y te beso con respeto.

Renko

Anónimo dijo...

Muy intenso y tierno a la vez. La cocina es un placer per se, pero no hay nada más matapasiones que un idiota que disfrute de nuestra maravillosa preparación y no diga ni pío. Ya sabes que soy tu fan, me encanta como escribes, no dejes de hacerlo. Besos.

Anónimo dijo...

Muy intenso, muy profundo, muy intimo, muy tuyo.....Pero tambien muy de cualquiera !


Gracias por compartir tu sentir con cualquiera que tenga el atrevimiento de venir por aqui y leer lo que tienes para compartir.

La cocina me aburre, tu no.