6 may 2012

El cajón de los secadores

Siempre creí que era como una caja de tesoros, ella nunca me prohibió abrirlo pero yo sabía que ahí guardaba muchos secretos, entre mantos blancos y algunos amarillentos mi nana escondía dinero, tambíen había oraciones y un puñado de colorines que decía era para la buena suerte y para que nunca faltara el dinero. Había también bolsas de plástico con distintas hierbas, entre comino, orégano, laurel, y alguno que otro ajo perdido entre los mantos.

El olor era muy singular, era un aroma a muchas hierbas mezcladas y, era tanto, que me daba cuenta perfectamente cuando ella lo abría, impregnaba la cocina, tenía siempre ahí a la mano su monedero con seguros alrededor, estaba lleno de colorines y también de dinero, porque nunca le faltó, trabajó siempre muy duro para que no nos faltara nada. Doblaba los billetes de una forma muy peculiar; los tenía todos muy juntitos y siempre me tuvo la confianza suficiente para decirme que tomara dinero de ahí cada que lo necesitara mas nunca tomé de más y ella siempre lo supo.

Recuerdo que el cajón hacía un ruido en los rieles, mi nana abría una y otra vez ese cajón que ya era como una melodía que ambientaba la cocina mientras los vapores de su comida revoloteaban al juntarse con el aire de la ventana y los rayos del sol.

Yo me sentaba a obsevarla cocinar mientras ella permanecía callada y ausente, sumergida en todos esos olores y sabores, verla así era todo un acontecimiento. El ruido del molcajete al pegar con la piedra volcánica mientras mezclaba los ajos con las hierbas era el que más disfrutaba, nunca le tuvo miedo al fuego, ni al picante, ni al frío...ni a la vida.

Ella se ha ido, no la veré más sumergida en ese ritual ni la encontraré sentada en ese sillón viendo a la calle, sufriendo la soledad de quien es abandonada por una nieta que no la supo apreciar lo suficiente después de que dio casi la vida por ella, y eso lo cargaré por siempre.

Sentada aquí en esta mesa de esta cocina, veo el cajón de los secadores con miedo a que alguien llegue y lo abra y vuelvan a emanar esos aromas y me vuelvan a doler los recuerdos de quien no hizo nada por ella, no quiero volver a ver el contenido de ese cajón si no está ella para decirme: "Marita, pásame un secador para poner las gordas".

TE EXTRAÑO MUCHO Y ME HACES MUCHA FALTA, CUCA.

3 comentarios:

Selene dijo...

Hermoso, lleno de elegía.

Ricardo dijo...

Doliente.

Φ dijo...

NLMC....Me gusta la nostalgia, ese amargo en la boca.....el humedo en los ojos.....el puto piquete en el estomago.....!

Bonito relato Mayhita, me hace sentir cosas.....!